El mundo interior
Mis Musas Inspiradoras
Azuleta y Olivia son mis principales musas inspiradoras. Sus formas blancas encarnan la inocencia pura de los gatos y la ambigüedad que recorre toda mi obra.
Azuleta y Olivia son mis principales musas inspiradoras. Generalmente pinto gatitas blancas pensando en ellas por dos razones. La primera, y más importante, es porque siento que representan a la perfección el alma pura e inocente que tienen los gatos. La segunda es porque encarnan esa ambigüedad que aparece constantemente en mis pinturas y cerámicas: gatos que pueden ser buenos y malvados al mismo tiempo; de apariencia inocente y delicada, pero realizando acciones macabras, oscuras o misteriosas, cumpliendo misiones peligrosas o viviendo aventuras increíbles.
Esas son las razones por las que ellas aparecen tan frecuentemente en mi trabajo. Aunque no son las únicas: en algunas ocasiones también he pintado a mi gata Gato Pérez, mi primera gatita, y a Morita. Y, sin duda, pienso incluir también a mis demás bebés gatunos.
Cuando formé mi Nidito, Azuleta y Olivia fueron las primeras gatitas que adoptamos. Eran hermanas y habían sido rescatadas junto a su camada: tres gatitos blancos. Cuando llegamos al refugio, uno ya había sido adoptado y solo quedaban ellas dos. Apenas las vi me enamoré. Su pelaje completamente blanco contrastaba hermosamente con sus ojos color amarillo miel, aunque sus miradas reflejaban mucho miedo. Se notaba que eran tímidas y asustadizas; quizás qué experiencias les tocó vivir durante el abandono.
Intenté tomar a Olivia, la más gordita de las dos, pero estaba tan asustada que se aferró con una fuerza descomunal a la jaula. No pude sacarla. Pensé entonces que quizás ella no era para mí, o que yo no le había caído bien. Después tomé a Azuleta. También se resistió un poco, pero finalmente se dejó abrazar.
Nosotros queríamos adoptar dos gatitas. Yo seguía pensando en Olivia, pero como se resistió tanto preferí dejarla tranquila. Mi hija quería adoptar un gatito bebé, pero yo le decía que quizás era mejor adoptar otra gatita adulta, porque los adultos eran los menos adoptados. Ella insistió mucho, y finalmente pensé que tampoco podía discriminar a un gatito por ser bebé solo porque tuviera más posibilidades de ser adoptado. Así fue como acepté adoptar a una pequeña gatita tricolor, a quien llamé Amapola, junto a la gatita blanca adulta que nombré Azuleta.
Llegamos a casa con Amapola y Azuleta, donde ya vivía Morita, a quien habíamos rescatado en una feria. Pero pasaron los días y yo no podía dejar de pensar en la otra gatita blanca, la hermana de Azuleta que se había quedado en el refugio. Me parecía muy triste separarlas siendo hermanas.
Así que volvimos por ella. Aunque nuevamente se resistió, esta vez sí la adoptamos. La llevamos al Nidito y la llamé Olivia.
Todas eran muy regalonas, pero especialmente Olivia y Azuleta disfrutaban estar conmigo. Su compañía me hacía profundamente feliz. Eran tranquilas y temerosas, pero a mi lado podían relajarse y ser ellas mismas. Las otras, más pequeñas, recorrían la casa haciendo travesuras y jugando. En cambio, Azuleta y Olivia confiaban muchísimo en mí; sentía que me veían como su mamá. Creo que por eso nació entre nosotras una conexión tan especial: la conexión de una verdadera madre con sus hijas.
Con el tiempo, y con la llegada del resto de mis bebés gatunos, también fui sintiendo esa misma conexión profunda. Todos ellos se transformaron en mis hijos. Pero con Azuleta y Olivia ocurrió primero, y pienso que esa es la razón más importante por la que se convirtieron en mis musas.
Amo profundamente a mis bebés gatunos. Mi celular está lleno de fotografías de ellos. Me encanta observar sus travesuras, las expresiones que hacen y las posturas que adoptan. Amo todo de ellos, y también son una fuente constante de inspiración para mi trabajo.
Incluso creé un perfil de Instagram llamado @ohmycats__ para compartir mi amor por mis bebés gatunos.
— Sofía Villablanca“Desde pequeña he vivido rodeada de gatos. Sí, soy una ferviente amante de ellos. Compartía mucho tiempo con mis compañeros felinos, especialmente con mi primera gatita, llamada Gato Pérez —nombre que le puso mi papá porque pensó que era macho—. Ella era una hermosa gatita blanca con manchas negras y adornaba su rostro un hermoso antifaz formado por su oscuro pelaje. Desde entonces imaginaba, y todavía imagino, que estos seres perfectos, juguetones y misteriosos pueden ser y hacer lo que quieran; y así existen también en mi mundo interior. Siempre han habitado mi imaginario: gatitos siendo y haciendo toda clase de cosas, importantes, malvadas, absurdas, juguetonas, oscuras, inquietantes, grotescas y divertidas; comportándose como humanos y transformándose en mucho más.”
Musa I
Azuleta
Azuleta es una gatita muy tierna y regalona, como todos sus hermanos gatunos, pero además tiene algo muy fino, delicado y elegante en su forma de ser. Le gusta estar siempre acompañándome; sobre todo cuando estoy en la cama, se acomoda sobre mi regazo, se acurruca y se queda dormida conmigo. Si no estoy en mi pieza, ella simplemente se va a donde yo esté.
Como todo gatito, ama el calor, pero además es muy friolenta, igual que su mamá, así que adora cuando enciendo el aire acondicionado y el ambiente se vuelve tibiecito. Cuando le hablamos se pone muy cocoroca y empieza a cuncunear feliz sobre la cama. También es muy habladora: siempre maúlla cuando quiere algo, ya sea atención, cariño o simplemente sentirse escuchada. Tiene un maullido desafinado que no combina en absoluto con su apariencia elegante, y eso la hace todavía más adorable.
Ella es una princesa, lo sabe perfectamente y se comporta como tal. Como todos sus hermanos, le gustaba salir al jardín a "pastar", retozar y comer pastito. Ama el yogurt, así que siempre que puede aprovecha de darle unas lamiditas al envase, a la tapa o a la cuchara. Y aunque en la casa se siente reina absoluta, cuando vienen visitas se pone tímida y asustadiza, por lo que prefiere esconderse en alguna de sus casitas con forma de gotita hasta que los invitados se van.
Musa II
Olivia
Olivia era una gatita muy tierna, regalona y asustadiza, pero disfrutaba muchísimo de estar conmigo, solo conmigo. Era muy dependiente de mí y sus lugares favoritos eran mi cama y su casita con forma de gotita, donde dormía acurrucadita. No le interesaba estar en otros lugares; lo que más quería era sentirse segura y acompañada.
Le gustaba mucho comer, especialmente el alimento húmedo, así que estaba un poquito pasada de peso, aunque yo la encontraba absolutamente adorable. Su mirada profunda siempre me cautivó; sentía que había un mundo entero dentro de ella. A veces me preguntaba qué cosas habría vivido antes de llegar a casa, qué experiencias en la calle la habían vuelto tan temerosa. Se asustaba fácilmente con ruidos o movimientos inesperados de sus hermanos, y algunas veces el miedo era tan grande que incluso se hacía pipí. Eso me partía el corazón. Pero después ella me miraba, yo la miraba a ella, y en esa mirada encontraba calma y consuelo, porque sabía que finalmente estaba en un lugar seguro, rodeada de una mamá y una familia que la amaba y la seguirá amando por siempre.
Tenía maneras muy divertidas de sentarse, aunque su pose más característica era sentarse como una sirena. Con esa postura tan particular, su mirada seria y encantadora, le tomé muchísimas fotos que hoy atesoro con todo mi corazón. Como todos sus hermanos, le gustaba salir al jardín a "pastar", retozar y comer pastito. También amaba el yogurt, así que aprovechaba cualquier descuido para darle unas lamiditas al envase o a la tapa, igual que su hermana.
No le gustaban las personas extrañas, por lo que siempre prefería esconderse cuando venían visitas. En diciembre de 2021 enfermó, y el día 21 de ese mismo mes cruzó el puente de arcoíris. Ese momento destruyó mi corazón. Sufrí crisis de angustia y sentí que muchas cosas cambiaron para mal. Con el tiempo —mucho tiempo, dolor y amor de por medio— su recuerdo se transformó en algo más dulce, porque me recuerda que fue muy cuidada, muy feliz y profundamente amada.
Algún día, cuando llegue el momento de mi partida, espero poder cruzar también el puente de arcoíris para reencontrarme con ella, con mi gatita Gato Pérez y con todos los gatitos que han sido parte de mi vida y que partieron antes que yo.

